Política institucional
Las encuestas empezaron a mostrar una señal que el Gobierno ya no puede mirar de costado: cae la aprobación de Javier Milei y crece el malestar por una economía que todavía no logra traducir el orden macro en alivio concreto para la vida cotidiana.
El oficialismo sigue sosteniendo que el rumbo no se toca y que la mejora llegará en los próximos meses. Pero mientras esa promesa se estira, una parte de la sociedad empieza a medir al Presidente menos por el discurso y más por lo que pasa con inflación, consumo, empleo e ingresos.
Ahí aparece el problema de fondo. El Gobierno insiste con que el ajuste era necesario y que el superávit fiscal terminará acomodando el resto. Sin embargo, cuando el bolsillo sigue apretado y la actividad no reacciona con fuerza, la paciencia social empieza a desgastarse.
La baja en la aprobación no se explica solo por la política ni por el ruido interno. También expresa una sensación más amplia: la de una economía que todavía no derrama en la calle al ritmo que el oficialismo necesita mostrar.
En provincias como Salta, esa lectura se vuelve más concreta. Comercios con movimiento irregular, consumo contenido y familias que siguen midiendo cada gasto hacen que la macro quede lejos si no aparece una mejora real en la vida diaria.
Por eso, más que un dato de encuesta aislado, lo que empieza a verse es una advertencia política. El respaldo al Gobierno se vuelve cada vez más dependiente de resultados visibles, no solo de expectativas.

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