Política institucional
Salta abrió un nuevo debate legislativo sobre el uso de redes sociales en menores de edad. El diputado Omar Exeni impulsa un proyecto para restringir o prohibir el acceso a estas plataformas en chicos menores de 15 años, con el argumento de proteger la salud mental y prevenir situaciones de hostigamiento digital.
La iniciativa surge en un contexto de creciente preocupación por el impacto de las redes en adolescentes, especialmente en casos de bullying, escraches, exposición de imágenes, amenazas y agresiones entre estudiantes. El legislador planteó el tema luego de una reunión con la fiscal de Ciberdelitos, Sofía Cornejo.
El eje del proyecto es evitar que chicos y chicas accedan tempranamente a espacios digitales donde muchas veces quedan expuestos a violencia, presión social, contacto con desconocidos o difusión de contenido sin control adulto. También busca instalar una discusión sobre responsabilidad de familias, escuelas y plataformas.
El tema no es exclusivo de Salta. En distintos países ya se discuten límites de edad, controles parentales y mayores obligaciones para empresas tecnológicas. Sin embargo, cualquier regulación local deberá resolver un punto clave: cómo se aplicaría en la práctica y quién tendría capacidad real de control.
La preocupación de fondo es concreta. En las escuelas, muchos conflictos ya no empiezan ni terminan dentro del aula. Se trasladan a grupos de mensajería, perfiles falsos, publicaciones, capturas y videos que pueden amplificar el daño sobre chicos y adolescentes.
Para Salta capital y el norte provincial, el debate tiene impacto directo en familias y comunidades educativas. En ciudades como Orán, Tartagal o San Martín, docentes y padres también enfrentan situaciones donde las redes aceleran conflictos, exponen a menores y agravan problemas de convivencia.
La propuesta pone sobre la mesa una discusión necesaria, pero compleja. Restringir redes puede ser una herramienta, pero no alcanza por sí sola si no se acompaña con educación digital, prevención, orientación familiar y respuestas claras ante casos de violencia o acoso.
El desafío será construir una norma que proteja sin caer en soluciones simplistas. La salud mental adolescente requiere límites, cuidado adulto y políticas públicas que entiendan cómo viven hoy los chicos en el entorno digital.

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