Termos truchos en la frontera norte: el debate entre salud, contrabando y guerra comercial

Frontera / Seguridad

El ingreso de termos de contrabando desde Bolivia volvió a encender el debate en el norte salteño. La discusión mezcla tres cosas distintas: una posible alerta sanitaria, el impacto sobre la industria nacional y la realidad cotidiana de una frontera que desde hace años convive con el comercio informal.

El disparador fue una advertencia pública del dueño de Lumilagro, Martín Nadler, quien denunció que los termos que ingresan sin control no solo compiten de manera desleal con la producción local sino que podrían representar un riesgo para la salud de los consumidores.

La mirada desde la frontera

Desde el corredor fronterizo la lectura es más escéptica. El interventor de Aguas Blancas, Adrián Zigarán, cuestionó el fondo del conflicto y apuntó a posibles intereses comerciales detrás de la polémica. Señaló que el propio Lumilagro tomó la decisión de cerrar su fábrica e importar desde China, lo que a su entender haría que los productos que hoy ingresan desde Bolivia sean esencialmente los mismos que la empresa planea comercializar.

Sobre los falsos Stanley — copias de la popular marca de cantimploras — fue directo: son imitaciones chinas, y puso en duda que la campaña de alarma no sea en realidad una estrategia para posicionar marcas propias frente a la competencia informal.

En el corredor norte — Salvador Mazza, Pocitos, el eje de San Martín — el comercio con Bolivia no es una novedad. Los termos y productos similares circulan desde hace más de quince años sin que se hayan registrado denuncias concretas de daños a la salud.

El problema real: nadie controla

Lo que sí quedó en evidencia es la ausencia de controles efectivos. En una zona de frontera con alto volumen de intercambio comercial informal, no hay un organismo que certifique qué entra, qué contiene ni si cumple algún estándar mínimo de seguridad.

Esa falta de control es el punto central del debate. Si los termos importados desde China son realmente tóxicos, el problema no es solo el contrabando sino la inexistencia de un sistema que pueda verificarlo. Y si no lo son, la pregunta que queda flotando es quién se beneficia con instalar la alarma.

Por ahora, en el norte salteño el termo sigue pasando. Como hace quince años.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *