Social / Datos e indicadores
La informalidad laboral en Argentina volvió a los niveles de 2008. Un informe del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales de la UBA revela que el 43% de la fuerza laboral trabaja fuera del sistema: sin aportes, sin obra social, sin protección laboral.
El dato no es marginal ni está concentrado en los bordes del mercado de trabajo. El 48,5% de los trabajadores informales tiene entre 25 y 44 años — la franja más activa de la población. Entre los jóvenes de 16 a 24 años la situación es aún más grave: el 67,4% trabaja en negro, casi 7 de cada 10.
Para el norte salteño el número es directo. El Noroeste argentino concentra el 11,5% del empleo informal del país. Los sectores con mayor informalidad son el comercio (29,8%), la construcción (14,2%), el trabajo doméstico (11,2%) y la industria (11,6%) — exactamente los rubros que sostienen la economía de Tartagal y la región.
La penalidad económica de trabajar en negro es concreta: un trabajador informal gana en promedio un 38% menos que uno formal. En números, cuando un formal cobra $100.000, un informal recibe $62.000 por el mismo trabajo. Y el 31,6% de los trabajadores informales vive en hogares bajo la línea de pobreza, contra el 9,1% de los formales.
El informe también muestra que el problema es estructural. Desde 2003, la informalidad nunca logró reducirse de manera sostenida. El valor actual está apenas 1,5 puntos porcentuales por debajo del máximo histórico de la serie — con la única excepción del salto transitorio de la pandemia.

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