Economía y Producción
El mercado laboral argentino viene mostrando un cambio que no siempre se ve a simple vista: puede haber actividad y hasta nuevas formas de ocupación, pero no todo trabajo aporta igual al sistema previsional. Ese movimiento es hoy uno de los factores que más presiona sobre la recaudación de ANSES y sobre la sostenibilidad de las jubilaciones.
El punto central es que en los últimos años perdió peso el empleo asalariado formal, que realiza aportes más altos y constantes, mientras crecieron modalidades como el monotributo y el trabajo autónomo, que tienen una contribución mucho menor al sistema. Esa diferencia altera la caja previsional incluso cuando la cantidad total de personas ocupadas no cae en la misma proporción.
Los datos muestran con claridad ese cambio de estructura. En 2005 aportaba al sistema previsional el 82% de los trabajadores. A fines de 2025 lo hacía casi el 69%. En paralelo, creció el peso de monotributistas y autónomos dentro del universo laboral, pero sin compensar la pérdida de recaudación que implica la caída del empleo registrado tradicional.
La diferencia no es menor. Mientras un trabajador formal aporta junto con su empleador sobre una base salarial más robusta, los esquemas simplificados dejan montos bastante más bajos. Por eso, aunque aumente el número de monotributistas, el efecto fiscal no reemplaza lo que se pierde cuando desaparecen puestos en blanco.
Ese deterioro se refleja en una comparación concreta: hoy se necesitan 24 monotributistas para cubrir una jubilación mínima, mientras que alcanzan poco más de dos asalariados formales para financiarla. En el caso de los autónomos, la relación también es mucho más favorable que la del monotributo, pero sigue lejos del rendimiento que tiene el empleo registrado asalariado.
El problema se agrava con la evolución reciente del mercado laboral. Desde noviembre de 2023 se perdieron cientos de miles de puestos asalariados formales y también cerraron miles de empleadores con trabajadores registrados. Al mismo tiempo, sectores que ganaron peso en la actividad, como agro, minería e intermediación financiera, no generan por sí solos el volumen de empleo formal que sí sostienen rubros como industria, comercio o construcción.
Detrás de esa transformación aparece una consecuencia directa: el sistema previsional depende cada vez más de impuestos y transferencias del Tesoro para cubrir jubilaciones. Hoy hay alrededor de dos trabajadores activos por cada jubilado, cuando el equilibrio requeriría una relación más cercana a tres a uno.
La discusión, entonces, no pasa solo por cuántos empleos se crean, sino por qué tipo de empleo se consolida. Si el crecimiento del trabajo se apoya en formas más precarias o de menor aporte, la presión sobre ANSES aumenta y el sistema jubilatorio queda todavía más frágil.
Es una señal que excede la macroeconomía y baja a la vida cotidiana. Habla de ingresos, de estabilidad laboral y también de la capacidad futura del sistema para sostener haberes previsionales sin seguir perdiendo poder real. En ese cruce entre empleo y jubilaciones está una de las tensiones más profundas del modelo laboral argentino actual.

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