Economía y Producción
La suba de la morosidad volvió a encarecer el acceso al crédito y complica la recuperación del consumo. Aunque algunos indicadores económicos muestran señales de estabilización, los bancos y prestamistas siguen cobrando tasas elevadas para cubrirse del riesgo de incumplimiento.
En marzo, la mora total del sector privado pasó de 6,7% a 7%. El aumento fue más marcado en las familias, donde subió de 11,2% a 11,5%, mientras que en las empresas avanzó de 2,9% a 3,1%.
El dato más sensible está en los hogares: la mora familiar acumula 17 meses consecutivos de aumento. Eso significa que cada vez más personas tienen dificultades para pagar préstamos, tarjetas, cuotas o financiamiento tomado en meses anteriores.
En las entidades no financieras, donde suelen operar prestamistas y compañías que otorgan crédito fuera del sistema bancario tradicional, la mora de los hogares llegó al 30,1%. Ese nivel refleja el deterioro de una parte del mercado que suele atender a personas con menor acceso al crédito bancario.
El problema es circular. Cuando sube la mora, los prestamistas consideran que prestar es más riesgoso. Frente a eso, reducen la oferta de crédito o exigen tasas más altas. El resultado es que familias, trabajadores independientes, comercios y pymes terminan financiándose más caro o directamente quedan afuera.
En los primeros días hábiles de mayo, la tasa promedio de préstamos personales rondó el 68,3%. Con ese costo, tomar deuda para cubrir gastos, refinanciar tarjetas o sostener consumo se vuelve cada vez más difícil.
La contracción también se nota en el crédito al sector privado. Los préstamos en pesos cayeron en términos reales por cuarto mes consecutivo, una señal de que el financiamiento todavía no logra acompañar una recuperación sostenida de la actividad.
Para Salta y el norte argentino, el impacto se siente en la economía cotidiana. Familias que refinancian saldos de tarjetas, comercios que venden menos en cuotas y pymes que necesitan capital de trabajo enfrentan un escenario más restrictivo.
La posible desaceleración de la mora puede ser una señal a seguir, pero todavía no alcanza para cambiar el cuadro general. Mientras el atraso en los pagos siga alto, el crédito continuará caro y la recuperación del consumo tendrá un límite difícil de superar.

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