Economía y Producción
La morosidad de las familias alcanzó un nuevo récord y volvió a mostrar una señal de vulnerabilidad económica: cada vez más hogares tienen dificultades para cumplir con pagos de tarjetas, préstamos personales y financiamiento de consumo.
Según los datos difundidos, la mora familiar llegó al 11,5% en marzo, por encima del 11,2% registrado en febrero. Se trata del nivel más alto en más de dos décadas y refleja una presión creciente sobre los ingresos.
El dato aparece en un contexto de salarios que todavía corren detrás de los precios, tasas elevadas y familias que usan crédito para sostener gastos cotidianos. En muchos casos, la tarjeta dejó de ser una herramienta para compras puntuales y pasó a funcionar como una forma de financiar supermercado, medicamentos, servicios o cuotas básicas.
El problema no queda solo en el sistema financiero. Cuando los hogares empiezan a atrasarse, también se resiente el consumo, baja el movimiento comercial y crece la incertidumbre en almacenes, farmacias, comercios barriales y pymes.
En Salta y el norte provincial, la situación tiene una lectura directa. Muchas familias combinan sueldo, changas, tarjeta, préstamos cortos, billeteras virtuales o fiado para llegar a fin de mes. Cuando esa cadena se corta, la economía diaria queda más expuesta.
La mora récord no significa que todos los hogares estén quebrados, pero sí muestra que el margen se achicó. Para muchas familias, el crédito empezó a transformarse en una carga difícil de sostener.
El punto central es que la recuperación del consumo no depende solo de que haya financiamiento disponible. También necesita ingresos que alcancen, precios más estables y condiciones de pago que no terminen empujando a más hogares al atraso.

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