Economía y Producción
El avance del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones volvió a poner en discusión en Salta no solo cuántos proyectos puede atraer la minería, sino también qué pasará con las divisas que generen esas exportaciones.
El punto de tensión está en uno de los beneficios centrales del RIGI: el esquema cambiario que flexibiliza, en forma gradual, la obligación de ingresar y liquidar en el país los dólares obtenidos por exportaciones. Para una provincia que apuesta fuerte al litio y al cobre como motores de crecimiento, esa discusión no es menor.
En Salta, el régimen aparece como una herramienta para destrabar inversiones de gran escala en la Puna y acelerar proyectos que necesitan previsibilidad, estabilidad y ventajas fiscales para avanzar. Ese es el costado que más destacan tanto empresas como sectores del gobierno: más inversión, más actividad y mejores condiciones para competir por capitales en un negocio global.
Pero junto con esa expectativa también crece una pregunta de fondo: cuánto de ese movimiento económico se traduce en circulación real dentro de la provincia y del país. La discusión ya no pasa solo por anunciar desembolsos millonarios, sino por medir qué impacto concreto dejan en empleo, proveedores, infraestructura, regalías y disponibilidad de divisas.
Ese debate adquiere un peso especial en una provincia donde la minería viene ganando lugar en la agenda productiva. Salta busca consolidarse como actor relevante en el mapa del litio y, al mismo tiempo, necesita que ese crecimiento tenga efectos visibles más allá de los proyectos puntuales.
En ese marco, el RIGI abre una doble lectura. Por un lado, puede mejorar las condiciones para que lleguen inversiones de largo plazo. Por el otro, instala dudas sobre el destino de los dólares que genera la actividad y sobre el verdadero derrame económico que quedará en el territorio.
Para Salta, la discusión de fondo empieza a correrse del anuncio de nuevas inversiones hacia una pregunta más concreta: cuánto desarrollo local puede generar la minería si una parte creciente de las divisas queda liberada fuera del circuito cambiario tradicional.

Deja una respuesta