Alquileres: la crisis también aprieta en el norte salteño y crece la presión sobre los inquilinos

Economía y producción

La crisis económica también se siente en el mercado de alquileres y ya empieza a golpear con más fuerza a las familias del norte salteño, donde sostener una vivienda se volvió cada vez más difícil en un contexto de ingresos deteriorados, suba de gastos y contratos que muchas veces quedan por encima de lo que se puede pagar.

Desde el sector inmobiliario advirtieron que la morosidad viene en aumento y que cada vez más inquilinos deben reorganizar sus gastos para no perder el techo. La preocupación no pasa solo por el valor mensual del alquiler, sino por el peso total que hoy tienen también los servicios, las expensas y el costo de vida en general.

La advertencia apunta a un problema que no se limita a la capital provincial. En ciudades del norte, donde muchas familias dependen de ingresos atados al comercio, al empleo informal o a actividades muy sensibles a la caída del consumo, cualquier aumento fuerte en la vivienda puede desarmar por completo la economía del hogar.

En ese escenario, desde el rubro sostienen que los propietarios deberían actuar con más cautela al renovar contratos y priorizar acuerdos que sean realmente pagables. La lógica, remarcan, cambió: hoy no alcanza con fijar un precio alto si después el inquilino no puede sostenerlo en el tiempo.

El fenómeno ya muestra consecuencias concretas. Hay familias que dejan viviendas más grandes para mudarse a espacios más chicos, otras que se atrasan en pagos y algunas que directamente vuelven a vivir con familiares para reducir gastos. La mora, advierten, no siempre refleja falta de voluntad, sino un desfasaje cada vez más fuerte entre lo que entra al hogar y lo que sale.

Aunque en el mercado hay una mayor oferta de inmuebles que en otros momentos, eso no termina de resolver el problema de fondo. En el norte de la provincia, como en buena parte de Salta, alquilar se volvió una carga mucho más pesada y la continuidad de muchos contratos depende cada vez más de la capacidad de negociación entre propietarios e inquilinos.

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