Economía & Producción
Desde marzo, parte de los jubilados y pensionados dejan de percibir el bono previsional de $70.000, a medida que sus ingresos superan el tope establecido por ANSES. La medida no es nueva, pero empieza a impactar de forma concreta en el calendario de pagos.
El esquema vigente fija un límite claro: quienes cobran más de $439.600,88 ya no acceden al refuerzo. Ese monto surge de la suma entre la jubilación mínima ($369.600,88) y el bono completo.
El sistema funciona de manera escalonada. Los jubilados que perciben el haber mínimo reciben el bono completo de $70.000, mientras que quienes están en un rango intermedio acceden a un refuerzo proporcional. En cambio, quienes superan el tope quedan directamente excluidos.
Esto genera una diferencia marcada entre grupos. Mientras algunos mantienen el ingreso reforzado, otros pasan a cobrar solo el haber actualizado por movilidad, sin complemento adicional.
En términos prácticos, el cambio implica una pérdida de ingresos respecto a quienes siguen cobrando el bono completo, en un contexto donde los gastos en alimentos, medicamentos y servicios siguen presionando sobre los ingresos fijos.
Aunque se trata de la aplicación del esquema ya definido para marzo, el efecto se vuelve visible ahora, cuando comienzan a cobrar los jubilados con haberes más altos.
Para el norte salteño, donde gran parte de los ingresos familiares dependen de jubilaciones y pensiones, la reducción o eliminación del bono puede tener impacto directo en el consumo cotidiano y en la economía local.
El dato marca además una tendencia: el refuerzo previsional se concentra cada vez más en los ingresos más bajos, mientras se amplía la brecha con quienes quedan fuera del beneficio.









