Política institucional
El mal estado de las rutas nacionales volvió a meterse de lleno en la agenda política salteña después de que diputados provinciales reclamaran obras urgentes y cuestionaran el freno de la inversión nacional en infraestructura vial.
El debate se activó a partir de un pedido para avanzar con tareas de conservación, mantenimiento y reparación sobre la ruta nacional 9/34, en el tramo que une Rosario de la Frontera con Metán. Pero durante la discusión, el reclamo se amplió a otros corredores deteriorados de la provincia, donde el desgaste de la calzada ya no aparece solo como un problema técnico, sino como un riesgo cotidiano para quienes viajan, producen y transportan.
Uno de los focos más fuertes estuvo puesto en la ruta 16, en el departamento Anta, donde se señalaron tramos críticos en zonas como Gaona, Olleros, Matorras y El Tunal. Allí, según se planteó en la Cámara, el deterioro ya provoca daños en vehículos, mayores riesgos de siniestros y complicaciones para una circulación que en muchos casos resulta clave para la actividad productiva del interior.
Más allá del cruce político con el Gobierno nacional, la discusión dejó en evidencia un problema más amplio: la paralización o demora de obras públicas empieza a sentirse con fuerza en la infraestructura básica de la provincia. En ese punto, el reclamo legislativo busca mostrar que el abandono vial no impacta solo en el tránsito, sino también en la conectividad, la logística y la seguridad de miles de salteños.
La tensión ahora pasa por quién asume la responsabilidad y cómo se responde a una red vial que, en distintos puntos de Salta, muestra signos de deterioro sostenido. Lo que aparece en juego ya no es solo una obra puntual, sino el costo real de dejar rutas clave sin mantenimiento suficiente en una provincia extensa, productiva y dependiente de sus corredores terrestres.

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