Social / Contexto Local
La eliminación del programa nacional “Volver al Trabajo” comenzó a sentirse con fuerza en Salta y deja en evidencia un problema más profundo: la fragilidad del sistema laboral en amplios sectores de la provincia.
Más de 52 mil beneficiarios dejan de percibir este ingreso en el territorio salteño, en un contexto donde el trabajo informal sigue siendo una de las principales fuentes de sustento. El impacto, sin embargo, no se limita a quienes cobraban el programa: se estima que alcanza a cerca de 200 mil personas si se considera el efecto en los hogares y en la economía barrial.
En el norte provincial, particularmente en los departamentos Orán y San Martín, la situación es más crítica. Allí, alrededor de 20 mil personas dependían de este ingreso para complementar economías familiares que ya venían golpeadas por la caída del poder adquisitivo.
El programa, que en su última etapa otorgaba alrededor de $78.000 mensuales, no representaba un salario completo, pero funcionaba como un sostén básico que se volcaba directamente al consumo cotidiano.
Ese circuito económico hoy se interrumpe de manera abrupta. Comercios de cercanía, ferias, farmacias y servicios barriales comienzan a sentir la caída en la demanda, en un efecto que trasciende a los beneficiarios directos.
Además del impacto económico, la medida también afecta a redes comunitarias que cumplían un rol clave en distintos barrios. Actividades como comedores, merenderos, apoyo escolar y talleres comienzan a reducirse o desaparecer por falta de recursos.
El problema de fondo no es solo la eliminación del programa, sino la ausencia de una alternativa concreta. La discusión que se abre es más amplia: cómo se reemplaza un esquema que, con limitaciones, sostenía ingresos en un contexto donde el mercado laboral no logra absorber esa demanda.
En Salta, esa transición no aparece. Y mientras tanto, el impacto ya se siente en la economía cotidiana y en la organización social de los barrios.

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