Violencia hacia personas mayores: el foco está en las instituciones y el Estado

Social / Contexto local

La violencia hacia las personas mayores volvió a quedar en agenda como un problema social que no puede reducirse al ámbito familiar. Especialistas y organismos advierten que el maltrato, el abandono y la vulneración de derechos también requieren controles institucionales y respuestas más claras por parte del Estado.

El problema puede adoptar distintas formas. No se trata solo de agresiones físicas: también puede haber violencia psicológica, abuso económico, apropiación de bienes, negligencia en los cuidados, abandono, trato indigno o falta de atención adecuada en instituciones.

Muchas de estas situaciones permanecen invisibilizadas. La dependencia económica o emocional, el miedo, el aislamiento, la falta de redes y la dificultad para denunciar hacen que numerosos casos no lleguen a organismos de protección ni a la Justicia.

Por eso, el rol del Estado y de las instituciones es clave. El sistema de salud, los servicios sociales, la Justicia, los municipios, los centros de atención y las organizaciones comunitarias deben poder detectar señales de alerta, intervenir a tiempo y acompañar a las personas mayores sin revictimizarlas.

En Salta y el norte provincial, la situación tiene una lectura territorial particular. Muchas personas mayores dependen de familiares, pensiones, cuidados informales o instituciones con recursos limitados. En zonas alejadas, la distancia y la falta de redes pueden hacer todavía más difícil identificar casos de maltrato o abandono.

La discusión también exige mirar las condiciones de cuidado. Cuando no hay acompañamiento, recursos suficientes ni controles adecuados, las personas mayores quedan más expuestas a situaciones de vulnerabilidad.

El desafío no es solo sensibilizar, sino construir respuestas concretas: canales accesibles de denuncia, seguimiento institucional, controles en lugares de cuidado y políticas públicas que reconozcan a las personas mayores como sujetos de derechos. La violencia en esta etapa de la vida no debe quedar oculta ni naturalizada.

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