Economía y Producción
La inflación de abril podría ubicarse por debajo del 3%, según estimaciones privadas que anticipan una desaceleración frente al dato de marzo. El número sería una señal positiva para el Gobierno nacional, aunque todavía no alcanza para cerrar la discusión sobre el impacto real de los precios en los hogares.
La diferencia es importante: que la inflación baje no significa que los precios bajen, sino que aumentan a menor velocidad. Para las familias salteñas, esa distinción se mide todos los días en supermercados, almacenes, carnicerías, verdulerías y servicios básicos.
El rubro alimentos sigue siendo uno de los puntos más sensibles. Aunque algunas mediciones mostraron semanas de mayor calma, otros relevamientos marcaron subas en productos clave como panificados, lácteos y otros consumos habituales. Por eso, el dato final de abril será observado con atención.
En Salta, el impacto se siente especialmente en los sectores de ingresos fijos, jubilados, trabajadores informales y familias que destinan buena parte de sus ingresos a comida, transporte y servicios. Una inflación menor al 3% puede aliviar expectativas, pero no recompone de inmediato el poder de compra perdido.
También los comercios siguen mirando de cerca el comportamiento de los precios. Cuando el consumo está golpeado, cualquier variación en alimentos o productos básicos puede modificar ventas, márgenes y decisiones de reposición.
El dato oficial será publicado por el INDEC y permitirá confirmar si abril marcó una nueva baja en el ritmo de aumentos. Hasta entonces, la lectura debe ser prudente: la desaceleración puede mostrar un cambio de tendencia, pero el alivio real todavía depende de que los ingresos le ganen a los precios.

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