Economía y producción
El precio del dólar lleva seis meses estancado cerca de los $1.400, mientras la inflación avanza al 3% mensual. El resultado es un atraso cambiario creciente que los economistas ya están midiendo con números concretos.
Según un informe de la consultora LCG, el tipo de cambio real se apreció un 7,7% en lo que va del año y volvió a niveles comparables a los de 2017. El FMI había definido $1.636 como el piso mínimo a sostener en el acuerdo de 2022. Hoy el dólar minorista está en $1.420 y el blue en $1.435 — más de un 12% por debajo de ese umbral.
Para ponerlo en perspectiva: el blue tocó su máximo nominal en julio de 2024 con $1.500. Ese valor, ajustado por la inflación acumulada hasta hoy, equivaldría a $2.350. Es decir, el dólar real está un 64% más barato que en ese pico. Y desde diciembre de 2023, la inflación acumuló 282% mientras el blue subió apenas un 14%.
La estrategia del Gobierno es clara: usar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria. Lo sostienen el ingreso de divisas por exportaciones petroleras y agrícolas — favorecidas por el conflicto en Medio Oriente — y la baja demanda doméstica de dólares.
Para el norte salteño el impacto es directo. Las economías regionales que exportan productos primarios — tabaco, caña, poroto, frutas — ven cómo sus márgenes se achican cuando el dólar no acompaña la suba de costos internos. Al mismo tiempo, los que importan insumos o viajan al exterior ganan poder de compra.
Los economistas consultados coinciden en que, mientras se mantenga el flujo de divisas, no habría presión para una corrección cambiaria. Pero advierten que si las condiciones cambian, la acumulación de atraso puede terminar en un ajuste brusco.

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