Economía / Producción
El crédito en pesos volvió a caer en marzo y acumula tres meses consecutivos en baja, mientras crece la morosidad. El dato refleja un doble problema: menos financiamiento disponible y más dificultades para cumplir con los pagos.
Según los últimos registros, los préstamos al sector privado siguen retrocediendo en términos reales, en un contexto donde las tasas altas y la cautela bancaria limitan el acceso al crédito tanto para familias como para empresas.
Al mismo tiempo, aumenta el nivel de morosidad, es decir, la cantidad de personas y empresas que no logran pagar sus deudas en tiempo y forma. Es una señal directa de que la capacidad de pago está bajo presión.
En la práctica, esto impacta de lleno en la economía cotidiana. Menos crédito significa menos consumo financiado, menos inversión y menor actividad comercial.
En regiones como el norte salteño, donde gran parte del movimiento económico depende del consumo y de pequeños comercios, el efecto puede ser más fuerte. Cuando el crédito se frena, se reduce la circulación de dinero y se enfría la actividad.
El escenario marca una tensión cada vez más visible: mientras la política económica busca estabilizar variables macro, en la economía real aparecen señales de ajuste.
El dato a seguir es si esta tendencia se profundiza. Porque si el crédito no se recupera y la morosidad sigue creciendo, el impacto no solo será financiero, sino también productivo y social.









