Economía / Análisis
La escalada bélica entre Israel, Estados Unidos e Irán volvió a sacudir los mercados internacionales y abre un escenario de efectos cruzados para la Argentina. El aumento del precio del petróleo podría mejorar el ingreso de divisas por exportaciones energéticas, pero la mayor aversión global al riesgo amenaza con encarecer el financiamiento y presionar sobre el riesgo país.
Tras los ataques y el temor a una interrupción en el suministro global —especialmente por el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del crudo mundial— el Brent llegó a subir más de 10% y el WTI avanzó hasta los USD 71,94 el barril. El oro, activo de refugio, también mostró alzas.
En paralelo, los principales mercados bursátiles operaron con caídas y se observó un movimiento de capitales hacia activos considerados más seguros. Este fenómeno, conocido como “flight to quality”, suele afectar con mayor intensidad a economías emergentes como la argentina.
El economista Pablo Tigani advirtió que el principal riesgo para el país está en el canal financiero. En un contexto de mayor incertidumbre global, la posibilidad de reducir el riesgo país y volver a los mercados internacionales se vuelve más compleja. Argentina enfrenta este año vencimientos en dólares por alrededor de USD 18.000 millones y un importante volumen de deuda en pesos que deberá renovar.
Aunque un petróleo más caro podría beneficiar las exportaciones de energía, el efecto positivo podría verse neutralizado si aumentan las tasas internacionales y se encarece el crédito. En las últimas semanas, el riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 570 puntos básicos, luego de haber perforado los 500.
Para una economía que busca estabilizar su frente externo y recuperar acceso al financiamiento, la evolución del conflicto en Medio Oriente se convierte en una variable clave. El impacto final dependerá de la duración y la magnitud de la crisis, así como de la reacción de los mercados internacionales.

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