Economía y Producción
La inflación de abril fue del 2,6% y marcó una desaceleración frente al 3,4% registrado en marzo. El dato corta una racha de diez meses de aceleración y fue presentado por el Gobierno nacional como una señal de ordenamiento económico.
La variación interanual llegó al 32,4%, mientras que la inflación acumulada en el primer cuatrimestre fue del 12,3%. Aunque el índice muestra una mejora, los precios continúan subiendo y el alivio todavía depende de lo que ocurra con salarios, consumo, tarifas y actividad económica.
Entre los rubros que más aumentaron en abril aparecen transporte, con 4,4%; educación, con 4,2%; y comunicación, con 4,1%. En cambio, alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 1,5%, por debajo del promedio general.
Para las familias de Salta, la baja de la inflación no significa que los precios hayan bajado, sino que aumentaron a menor ritmo. El problema de fondo sigue siendo el nivel acumulado de los gastos cotidianos: alimentos, luz, transporte, alquileres, servicios y medicamentos.
El dato también importa para comercios y pymes. Una inflación más baja puede ayudar a ordenar expectativas, pero el impacto real se verá si mejora el poder de compra y se recuperan las ventas. En muchas actividades, el consumo todavía sigue condicionado por ingresos ajustados y costos fijos altos.
En el norte provincial, donde los hogares destinan gran parte de sus ingresos a gastos básicos, la desaceleración puede dar algo de aire, pero no resuelve por sí sola la presión sobre el bolsillo. La pregunta central es si esta tendencia se sostiene y si empieza a traducirse en mayor estabilidad para familias, trabajadores y sectores productivos.
La inflación de abril muestra una mejora en el indicador nacional, pero el desafío sigue abierto: que la baja del índice llegue a la economía real y no quede solo como un dato macroeconómico favorable.








